El Madrid ya lo celebra
Abril 20, 08 por Extra Deportes

El juego madridista ha dibujado una curva ascendente coincidiendo con el establecimiento de Gago en el medio centro. El argentino se ha liberado de sus aprensiones iniciales. El regreso de Diarra de la Copa de África, hace dos meses, sirvió a Schuster para decidirse. Fue un paso necesario, puesto que hasta ese momento sus vacilaciones tenían a los centrocampistas con los nervios de punta. El alemán dejó al africano en el banco y mantuvo a Gago en el equipo inicial. Este mensaje aclaratorio tuvo un efecto estimulante en Gago, que comenzó a carburar en la medida en que se serenaba. Perdido el miedo al fracaso, Gago jugó mejor. Le ayudó encontrar un ámbito de seguridad. La recuperación de Sneijder le ha brindado a Gago algo parecido a una urna de cristal. Apoyado por el holandés y respaldado por una defensa infranqueable, el chico de Ciudadela es capaz de imprimir cierta cadencia en el juego del equipo. Eso hizo durante unos minutos en la primera parte. Aunque el Madrid no consiguió hacerse con la manija del partido, fueron momentos decisivos.
Marcelino organizó a su defensa para que vigilara a los extremos del Madrid. El invento funcionó un rato. Robinho a la derecha, y Robben a la izquierda, no lograron encarar a sus oponentes con ventaja. El caso de Robben fue especialmente indecoroso. El hombre transitó por el partido quejándose continuamente a Sneijder, que hizo las veces de su asistente personal. Robben es de los que juegan mostrando el escalafón. Espera en la raya y grita. Sneijder, un chico puntual, le pasó cinco balones. La respuesta fue siempre la misma: Robben enganchó hacia adentro, o descargó en el volante. Nunca se fue. Nunca se animó. Este orden de cosas cambió con la aparición de Robinho. Harto de esperar un pase de Diarra en la otra banda, el brasileño se trasladó a la región holandesa. Esta duplicidad dejó a Pinillos sin respuesta. Acomodado en la espalda de Robben, el lateral racinguista perdió el rastro de Robinho, que se marchó solo, recibió de Sneijder y centró a pierna cambiada sin que nadie lo estorbara. Lo que siguió fue una cadena de errores. Moratón no llegó al despeje y Toño se replegó inexplicablemente. El portero no salió a buscar un balón que era suyo y Raúl se le interpuso en un intento de desviar el balón a la red. No se sabe si Raúl consiguió su objetivo, o si la pelota le pasó a un centímetro de la bota. Iba en trayectoria de gol. Y fue gol.

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