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Un Madrid enorme

Marzo 31, 08 por Extra Deportes

Raúl celebra su gol número 290 con el Madrid

Un Madrid grande, enorme, desconocido casi, se merendó anoche al Sevilla y dejó la Liga, con permiso del Villarreal, vista para sentencia. Recibieron los de Schuster a un rival de cuerpo entero y le mandó al infierno a lomos de un fútbol de alta escuela, frenético en su ejecución y adornado de fantasía. Con Sneijder y Guti al mando, el Madrid ejecutó una primera parte inolvidable, sólo manchada por el gol del Sevilla, que llegó en una de esas jugadas en las que la defensa blanca acostumbra a colapsarse. Pero nada empaña el triunfo de un equipo que supo gobernar un partido espectacular, de ida y vuelta, en el que se impuso con una autoridad sencillamente asombrosa.Acumulaba ocasiones el Madrid a la velocidad de la luz. Higuaín cumplió el rito de disparar al muñeco, lo que en la segunda mitad provocó que parte de la grada se desesperara. Palop comenzó a agigantarse, tapando el hueco al argentino, a Raúl, a Ramos, al todo el que a su área llegaba, lo que el Madrid hacía en tropel.

El Sevilla no perdía la cara al partido, pero se sintió maniatado por una decisión de su técnico. Asustado, quizá, a Jiménez le dio un ataque de entrenador y decidió prescindir de Navas para reforzar su defensa. Apostó por Crespo en el lateral derecho y situó a Alves más adelantado, de extremo o algo parecido. Poco más de media hora tardó en rectificar. Porque Alves es quien es con espacios, con metros por delante. Tampoco Roberto Carlos servía como extremo. El caso es que fue cambiar su argumento Jiménez, allá a la media hora, y encontrar premio el Sevilla. Lanzó Alves una falta hacia el área, el Madrid defendió de forma innoble, dejando que el balón viajara de un lado a otro, hasta que Keita lo cabeceó al borde del área para que Kanouté lo cazara al vuelo. Inapelable fue su zurdazo.

Dispuesto a sacar de centro, Raúl arengó a sus compañeros. Era tan superior su equipo, debió pensar el capitán, que el gol sevillista sólo podía considerarse un accidente. Y eso fue. Porque al instante la pelota cayó en pies del iluminado Sneijder, que esperó el movimiento de algún socio en el área sevillista. Raúl, por ejemplo, A él envió el balón y el 7 del Madrid hizo lo que acostumbra, sacar un gol de donde nada había. Vio junto a él las sombras de Mosquera y Prieto, les superó con un golpe de cintura y pegó el balón arriba, pegado al palo, a la escuadra, donde no llegó Palop. Era el gol 290 de Raúl en partido oficial con el Madrid, igualando a Santillana. Era el gol 290 de un señor al que los números señalan, ni más ni menos, como el mejor delantero de la historia nacido en España.

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