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Maestro de maestros

Noviembre 19, 07 por ExtraDeportes

GRANDE ENTRE GRANDES
En Shanghai, este relojito suizo logró por cuarta vez la Copa Masters, el selecto certamen que reúne a los ocho mejores de la temporada. Desde el 2003, festejó entonces en cuatro ocasiones y sólo el argentino David Nalbandian, en el tie-break del quinto set, pudo quitarle ese preciado trofeo de las manos, en la final del 2005. Así, igualó al rumano Ilie Nastase, quien lo ganó en cuatro oportunidades, también en el transcurso de cinco años.

Es cierto que quedó a un título de los cinco de Maestro que se adjudicaron el checo-norteamericano Ivan Lendl y el estadounidense Pete Sampras, pero Federer aún tiene mucha cuerda. De hecho, este año consiguió igualar la increíble marca del sueco Björn Borg, de cinco éxitos seguidos en Wimbledon. Y se transformó en el primer hombre en la era profesional que gana por partida doble en Londres y Nueva York cuatro años al hilo.

Si uno repara un momento en todo lo que significan semejantes prozas, suena a un despropósito. Es que ya ostenta en su poder con 12 títulos de Grand Slam, cinco en Wimbledon, cuatro en el US Open y tres en el Abierto de Australia, y está a sólo dos del récord histórico, que lo tiene Sampras, con 14. Y únicamente perdió dos definiciones en Mayors, en los dos últimos Roland Garros, ante su escolta, el español Rafael Nadal.

 

Por eso, su aureola de estrella crece y crece a cada paso. Es uno de esos monstruos que aparecen muy de vez en cuando y que continúa en camino de ser quizás el mejor tenista de todos los tiempos. Con la nueva marca de que tanto en el 2004, como en el 2006 y en esta temporada celebró en Londres, Melbourne y Nueva York y también lo hizo en el Masters de la ATP. Para cerrar otro calendario sensacional, decididamente inolvidable.

Sin dudas, lo que tanto veníamos pregonando desde este espacio se sigue haciendo realidad. Sus primeras alegrías grandes se empezaron a encadenar y nada hacía suponer que Federer no podría mantener esa serie triunfal. Su talento, su juego vistoso y una convicción propia de los elegidos, lo ponen un escalón -o más- por encima del resto de los colegas. Es innegable que sufre baches, que no siempre puede rendir a full, pero es el rey por amplio margen.

Aún cuando se le niega la corona en la lenta arcilla de París, el helvético sabe que tiene argumentos suficientes para confiar en que en algún momento podrá sacarse esa espina. La misma que padecieron casi todos los ex campeones con un esquema ofensivo, similar o no tanto con el de Federer, pero que apoyaron su propuesta en arriesgar y ser agresivos. Por eso, es consciente de que continúa por la senda correcta y que es de una categoría superior.

Una de sus mayores virtudes, además de las de índole mental, tenístico y físico, es su humildad, su perfil bajo, que lo tiene siempre con los pies sobre la tierra, sin creérsela en el peor de los sentidos. Jamás va a confiarse, aún cuando su costumbre es arrasar con los adversarios de turno. Y eso lo pone en otra órbita, lo que obliga a los rivales a tener que jugar de manera excelente para ganarle y, además, esperar a que él baje un poco su nivel

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