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Sin señal

Septiembre 30, 07 por ExtraDeportes
Balvorín se quedó sin tono, su cara lo vende: acaba de errar el penal. Matellán, quien había hecho la falta, respira aliviado.


Alguno que otro bajó rapidito los escalones. Pasos cortitos y veloces, vena hinchada de la bronca, ronca la voz de tanto putear a La Volpe. No fueron tantos los que apuntaron al DT, blanco fácil para propios y extraños, para defensores y antagónicos a su pensamiento: como sea, siempre se termina hablando de él, siempre es el centro de la escena. ¿Por qué? Tal vez por personalidad, o por costumbre; por posición ideológica, por la pereza que hace más sencillo obviar que él es responsable, pero no el único, y a veces ni siquiera el mayor. Vélez dejó pasar una ocasión para ganar tres puntos, para redimirse de un par de dolorosas derrotas al hilo y sobre la hora, para mantener encendida una llama de esperanza basada en una impecable campaña de local hasta ayer: cuatro jugados, cuatro ganados. Pero se cortó. El 100% de efectividad no llegó al quinto, y el equipo es tan culpable de este empate como de los anteriores triunfos. Porque tuvo cuatro o cinco clarísimas para definir y no supo o no pudo (Cuenca fue un obstáculo solvente); porque, además, tuvo un penal en el pie derecho de un jugador como Balvorín, que hace una semana, desde idéntico lugar, no había fallado. Pero, evidentemente, lejos estaba de ser un día perfecto para Vélez. Y cuando el penal de Ring Ring se estrelló contra el cartel de publicidad y provocó un espasmo vocal en los hinchas que estaban justo detrás de ese arco, algo se cortó. En el ambiente flotó la amarga sensación de que esa llamada figurativa con la que Balvorín suele gritar sus goles, ya no llegaría: no había señal.

Y así fue hasta el final, porque el equipo no dio más señales. El juego colectivo que lo había llevado a generar aquellas situaciones de riesgo a favor, cayó y se desdibujó ante un Arsenal que, si bien no subió mucho (su vuelo fue de bajo a bajito), entendió mejor cuál era su negocio. Y, ya se sabe: business are business. Y mientras uno sacó rédito el otro perdió dinero, no como para fundirse, quizá, pero suficiente para quedar con el saldo en rojo.

Independientemente de su andar arrogante y de su decir provocador, muchas veces La Volpe se alza con menos de lo que, en realidad, merece; y en ocasiones, intentando demostrar sus razones, y ya preso de su personaje, queda tan atrapado en su discurso que no logra zafar. Contra Arsenal, en este tristón 0-0, su Vélez fue una postal Lavolpiana. Mereció más de lo que finalmente tuvo, cuando intentó por caminos llenos de argumentos y de posibilidades concretas. Pero en la impotencia de no plasmar en resultados positivos, no encontró salida al encierro en el que las circunstancias, y su propia ineficacia, lo fueron llevando. Por eso aquel penal fue premonitorio. La señal se había cortado y no hubo quien la restableciera.

Enlace: http://www.ole.clarin.com

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